21/8/15

Pintando con lápices acuarelables



Una de las técnicas más atractivas para los amantes de la pintura, tanto aficionados como profesionales, es la acuarela. La textura, la transparencia y la delicadeza de sus colores proporcionan a los trabajos hechos con este medio una sutileza y sensibilidad difíciles de obtener con otros medios. La pintura a la acuarela requiere el dominio en el uso del agua, elemento que si no se maneja con cuidado puede provocar incómodos “accidentes”,
En  las primeras décadas del siglo XX, los principales fabricantes de lápices y materiales artísticos crearon el lápiz acuarelable. Se trata de un lápiz de color soluble en agua. Estos poseen las características de ambos medios (lápiz y acuarela). Su aspecto es prácticamente idéntico al de un lápiz de color, con un cuerpo de madera y una mina que contiene pigmentos solubles en agua. La gama de colores que ofrecen los lápices acuarelables coincide con las tonalidades de la acuarela en general y permite trabajar perfectamente sobre papel para acuarela.
Este lápiz, por sus características, nos permite utilizarlo y conseguir resultados tanto en seco como en húmedo. Es decir, una vez realizada la ilustración con el lápiz de color, podemos parar en esta fase previa al humedecido, quedando un dibujo realizado en técnica seca o podemos posteriormente realizar el humedecido para “acuarelar” la obra.
Los lápices de colores, considerados como procedimiento pictórico, tienen el inconve­niente de que sólo pueden pintar por medio del trazo; no pueden ofrecer manchas exten­sas como un pincel y, debido a ello, resultan poco aptos para pintar grandes superficies. En cambio, para obras de pequeño formato, sea cual fuere la temática, ofrecen grandes posibilidades.
Algunos ejemplos: Barcos varados Burano y una plaza de Roma:



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